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La educación online es nueva para la mayoría de los alumnos y requiere de un aprendizaje y de una mayor autonomía en el aprendizaje. Foto de Julia M Cameron en Pexels

Casi todos los días oímos en las noticias que se quiere volver a impartir las clases presenciales en septiembre siempre y cuando no haya un nuevo confinamiento. El problema es que para poder salvaguardar la salud en colegios e institutos no todos cumplen una serie de requisitos mínimos como la distancia entre alumnos y/o el ratio de ellos por profesor. Hacen falta un montón de profesores en todo el país y no saben de dónde sacar el dinero necesario para ello. 

En caso de que la formación tenga que ser online en parte o totalmente ¿estamos preparados? Rotundamente NO. La comunidad educativa formada por profesores, padres y alumnos no están preparados. El covid19 ha servido para aflorar nuestras carencias tecnológicas y son muchas.  

Desde que se decretó el estado de alarma hasta ahora sigo impartiendo las clases online y los resultados han sido igual de buenos que en cursos anteriores. Me he ido formando y lo seguiré haciendo porque me parece un formato atractivo y complementario a la enseñanza presencial. Eso sí, ha sido una aventura y me he dado cuenta de lo importante que es saber adaptarse. En este tiempo he vivido en primera persona todo tipo de situaciones: alumnos que atendían a mis clases con su móvil porque los ordenadores en casa estaban ocupados, otros que se quedaban sin conexión a mitad de clase, alumnos más privilegiados que se conectaban sin ninguna dificultad con su equipo de última generación y su fibra óptica.

A día de hoy la educación en España está preparada para que sea presencial. Los recursos tecnológicos en la mayoría de colegios e institutos de la pública son escasos y anticuados. Los profesores (salvo excepciones) no están formados en competencias digitales. Se ofrecen pocos cursos y cuando se ofertan no todos los profesores asisten. Debería ser obligatorio. Estar actualizados forma parte de cualquier trabajo. Además creemos que los alumnos son nativos digitales. ¡Nada más lejos de la realidad! Yo que he tenido que impartir las clases particulares en formato online me he dado cuenta de las carencias de los alumnos en competencias digitales. No sólamente imparto clases de Biología y Química en segundo de Bachillerato sino que también tengo que aclarar sus dudas tecnológicas.  Ellos son expertos en redes sociales y videojuegos pero no en esta temática. ¡Lo tengo claro!

Impartir clases online requiere mucha más formación, recursos  y trabajo para preparar las clases

Por si esto fuera poco está la conciliación familiar y laboral de los padres. No todas las casas tienen más de un ordenador y/o tabletas. Además hay muchas familias que no pueden permitirse pagar internet porque si no tienen trabajo sus prioridades son otras. 

Todavía hay padres que con suerte teletrabajan y necesitan el ordenador. Si sólo hay uno en casa habrá que compartirlo y los alumnos no podrán conectarse a las clases que se den por videollamadas en tiempo real.  Eso sin olvidar que en el medio rural la situación es todavía más crítica. 

Todo ello pone de manifiesto la pobreza y la diferencia de clases. Los que menos recursos tengan tendrán más complicado la utilización de este formato y habrá que ayudarlos de alguna forma para que no se queden atrás en su educación. 

La educación online es una nueva forma de aprender pero no podemos pasar en un tiempo tan limitado de sólo presencial a sólo en línea sin estar preparados.

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